21 de mayo de 2017

Sal de la máquina

Uno de los regalos de mi pasado cumpleaños fue un libro de lo más revelador, Sal de máquina, cómo superar la adicción a las nuevas tecnologías y recuperar la libertad perdida. Este es un tema que me encanta, desde siempre, con mi espíritu de socióloga veo cómo los teléfonos móviles, las nuevas tecnologías en general, se van adueñando de nuestras vidas a una velocidad que ya quisiera Fernando Alonso. Este fenómeno no es nuevo, pero es ahora cuando se están empezando a dar las primeras alarmas. Empiezan a salir a la luz numerosos estudios sobre la adicción al móvil, la nomofobia, y cada vez es más frecuente ver a la multitud con la cabeza agachada en forma de sumisión hacia una pantalla.
El autor de este libro tan interesante es Sergio Legaz, quién también fue adicto al móvil y también tuvo wasap. Pero se dio cuenta que le daba demasiado tiempo de su vida a la pequeña pantalla (y ya no tan pequeñas) y se quitó el wasap y empezó a reeducarse con nuevas pautas de consumo, algo que debería hacer casi toda la población, porque no vale "es que internet es una herramienta que te ofrece un sinfín de cosas" o "con tal de saber utilizar las redes sociales no hay problema". Con las millones de apps que existen en este momento, todas son necesarias en cualquier momento y lugar. Un dato muy interesante del libro y que desconocía, es que una empresa de telecomunicaciones creó una serie de dos minutos para llenar esos vacíos que llamaron microaburrimiento. La cuestión es no tener ningún hueco vacío, hay que llenarlo de contenido, rápido y dinámico. No dar a la mente ningún descanso, evitar que cada uno se quede con nuestros propios pensamientos es la finalidad de las grandes empresas.
La dependencia a las nuevas tecnologías abarca todos los campos de nuestra vida. A los bebés les ponemos pantallas de tablets o móvil para que nos dejen tranquilos y vean los dibujos, y nosotros por otra parte, necesitamos estar siempre conectados, mientras nos desconectamos de nuestra propia identidad. Otra frase que gusta mucho es la que dice: "No dejes que tus hijos vean la televisión hasta que aprendan a leer". Saber leer implica que la persona ha alcanzado un grado de desarrollo más profundo y más capacidad para discernir. Si dejamos que las nuevas tecnologías entren en contacto con los más pequeños sin que éstos sepan leer, significa que estamos creando seres dependientes sin capacidad de cuestionarse las cosas.
El libro analiza esta epidemia de nuestro tiempo desde diferentes perspectivas. Una de ellas y que no puedo dejar pasar, son los programas de espionaje que los gobiernos utilizan para saber absolutamente todo de nosotros. Por ejemplo, Edward Snowden, que fue noticia por desvelar la existencia  del programa de espionaje  masivo PRISM de los Estados Unidos en colaboración con las principales empresas de telecomunicaciones como son Google, Facebook, Apple, Skype, Yahoo...y un largo etcétera. Todas estas aplicaciones son gratis, y la gente las utiliza a sus anchas contando a la red toda su vida y milagros, milagros que luego son almacenados y utilizados cuando al gobierno de turno le convenga utilizar tus datos. Estamos constantemente dejando huellas en internet sobre nosotros mismos, con los me gusta, contando en Facebook lo que estás pensando, cuando ya Youtube te sugiere unos determinados vídeos en función de tus intereses o cuando aceptas esas dichosas cookies que te tapan la mitad de la pantalla. Suena a espionaje, mafia y película, pero desgraciadamente es la realidad y depende de nosotros dejar menos huellas, utilizar menos esas aplicaciones gratuitas que nos brinda la red y utilizar el móvil para comunicarnos con los demás cuando hay algo realmente importante que comunicar.
Hagamos un ejercicio de memoria y acordémonos de cuando no había móviles, el mundo giraba igual y nosotros nos veíamos y comunicábamos más. Vivíamos la vida real, no la virtual.
No quiero acabar esta entrada sin mencionar a Miguel Brieva, un ilustrador que plasma como nadie la decadencia de nuestra sociedad capitalista con sus dibujos. Un ejemplo de que en estos días de adicción a la "no comunicación" se puede vivir sin móvil y sobrevivir a la vorágine de emoticonos, selfies y me gusta.
Recomiendo también la lectura del libro Superficiales ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? de Nicholas Carr en donde manifiesta que internet hace que disfrutemos de ser superficiales y que eliminemos de nuestras vidas el pensamiento crítico y profundo.
Y ya para acabar, un pequeño y gran ejercicio. Intentar no sacar ni mirar ni consultar el móvil mientras esperamos al autobús o cualquier otro medio de transporte, ni cuando lo esperamos ni cuando hacemos el viaje ( el metro es un buen escenario para tomar conciencia del alcance de este problema social). Al principio costará y luego, poco a poco, nos daremos cuenta de que tenemos tiempo y podemos pensar e imaginar, observar y hablar sin distracciones, viviendo el presente, que es de lo que trata mientras estamos vivos.



Y una canción de Moby con un significativo videoclip.




   “Cuanto más inteligente es tu móvil, más tonto eres tú” (pintada)

“No hay forma más trágica de esclavitud, que la de aquellos que falsamente creen ser libres.” (Goethe, "Las afinidades electivas”)

"La vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado mirando tu smartphone"

"La revolución no es ningún tren que se escapa. Es tirar del freno de mano de mergencia". (Walter Benjamin)

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