31 de julio de 2017

El hombre en el laberinto

Y seguimos con la ciencia ficción, género que cada día me gusta más y más. En esta ocasión, hablaré del último libro que me he leído, que es El hombre en el laberinto de Robert Silverberg, un autor de lo más reconocido en este género a la misma altura que Isaac  Asimov. Ambos eran amigos y se dice que cada vez que uno de ellos iba a una biblioteca, llamaba al otro para decirle los libros que había de uno y de otro (siempre había más de Asimov).
Robert Silverberg ( Brooklyn, 1935) es un escritor norteamericano, introvertido, imaginativo y culto y con una gran producción literaria (algunas de sus obras están firmadas con múltiples seudónimos). Silverberg dijo de sí mismo: "Mi naturaleza solitaria me ha ayudado en mi carrera como escritor; soy feliz sin más compañía que la mía". Su estilo narrativo es muy ágil, se lee de maravilla y algunos temas recurrentes en su obra son el pesimismo, el desazón, la soledad, la liberación sexual, el sentimiento de culpa o la redención. Y este libro, El hombre en el laberinto, tiene todos estos matices.
Algunas de sus obras más conocidas son Muero por dentro, Regreso a Belgazor, El libro de los cráneos o La torre de cristal. Ha ganado cinco premios Hugo, cinco Nebula y siete Locus (casi nada vaya).
El libro nos cuenta la historia del diplomático Dick Muller, el cual viaja al planeta Beta Hydri IV, para intentar contactar con sus habitantes, que son alienígenas. Muller pasa allí seis meses y cuando vuelve a la Tierra se da cuenta de que ha sido marcado con un estigma. Ninguna persona se le puede acercar porque el malestar que sienten es extremo. Muller emana la peste del alma humana y las demás personas no pueden soportarlo. Así que Muller decide autoexiliarse de la humanidad y se va a un planeta conocido por los horrores, reales e imaginarios, que alberga su laberinto. Un laberinto construido miles de años atrás por una raza alienígena muy inteligente con unos particulares sistemas de autoconservación. Muller lleva nueve años aislado dentro del mortífero laberinto cuando de pronto una expedición de la Tierra aterriza en Lemnos (el nombre del planeta del laberinto) para ir en su busca. Resulta que ahora la Tierra tiene una nueva amenaza y mucho peor que los hydranos (los que le hicieron ese cacao maravillao al pobre Muller), otros aliénigenas  más superiores si cabe. Sólo Dick Muller puede salvar a la humanidad, pero precisamente éste odia a la humanidad, así que sólo leyendo el libro se sabrá si nuestro protagonista decidirá ayudar a los humanos o no.
Es un libro que se lee rápido y me pareció muy original, toda la temática del laberinto me encanta, así como descubrir a este autor tan singular. Estoy segura que no será el único libro que me lea de Silverberg.

Dick Muller hablando sobre su maldición:
"Los hidranos (los alienígenas) hicieron bien su trabajo. Y entonces volví a la Tierra. Como un héroe y un leproso al mismo tiempo. Si te acercas a mí, enfermas. ¿Por qué? Te recuerda que tú también eres un animal, porque recibes una buena dosis de mí. Tú me odias porque, al estar cerca de mí, aprendes cosas de tu alma. Y yo te odio porque tienes que alejarte de mí. Lo que soy es un portador de la peste y la peste de la que soy portador es la verdad. Mi mensaje es que los humanos tienen mucha suerte de que cada uno esté encerrado dentro de su propio cerebro. Porque si tuviéramos la mínima telepatía, incluso la confusa capacidad no verbal que tengo yo, no podríamos soportarnos los unos a los otros. Una sociedad humana sería imposible."

·        “Puede adquirirse todo en la soledad, excepto el carácter.” (Stendhal)

- "Ojalá se te corroan los intestinos – dijo Muller (a Boardman) en un tono casi despreocupado-. Ojalá te atragantes con tu petulancia y no te mueras nunca."

"Allá donde Silverberg va hoy, le seguirá el resto de la ciencia ficción el día de mañana." - Isaac Asimov

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