23 de diciembre de 2015

Molinos de viento en Brooklyn

Molinos de viento en Brooklyn es obra de Prudencio de Pereda (1912- 1973), autor estadounidense de origen español y discípulo de Hemingway. Pereda recrea en primera persona su infancia en la colonia española en Brooklyn allá por los años 20, con un lenguaje directo y lleno de matices cucos y tiernos.
Dos de los principales personajes son el Abuelo, hombre entrañable y Agapito, el mejor teveriano de la colonia que no dudará en utilizar cualquier estratagema y embeleco para vender los puros.
Para quien no lo sepa, los españoles inmigrantes a su llegada a Estados Unidos, lo más normal es que  se dedicaran a la venta de puros. Pero no teniendo una tienda, sino llevando ellos mismos los puros a los bares o por la calle, vendiendo puros como si fuesen habanos, es decir, timadores a pequeña escala. Las aventuras de nuestro protagonista junto con el abuelo y Agapito son de lo más divertidas, así como los acontecimientos que se van sucediendo dentro de la colonia española.
Es interesante ver la perspectiva de aquel inmigrante que al principio deseaba volver a España, pero que poco a poco, con el paso del tiempo, se van rompiendo dichos lazos.
Aunque Prudencio siguió su carrera en América estuvo muy vinculado con España. Uno de los frutos de su estrecha y aparatosa relación con Hemingway, es el documental The Spanish Earth y Spain in Flames, documentales de la España en guerra tomando bando por los republicanos.

La editorial Hoja de Lata, hace un excepcional trabajo con esta edición y es preciso darle las gracias por rescatar a este autor olvidado, y sobre todo, esta novela de carácter autobiográfico que ha pasado desapercibida todos estos años.
El epílogo de Jorge Ordaz es de lo más necesario para conocer más de cerca la figura de Prudencio de Pereda.
Abajo os dejo el documental realizado en 1937 a cargo de Hemingway y compañía.



“El buen brandy tiene algo que hace que uno no quiera morirse nunca.”


·        “Es muy peligroso escribir la verdad durante una guerra- sentenció- y si vale la pena arriesgarse a causa de la verdad, eso sólo el escritor puede decidirlo.” ( Ernest Hemingway)

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