27 de mayo de 2015

Memoria por correspondencia

Aquí tenemos un libro único y diferente a la narrativa a la que estamos acostumbrados. Este libro es una autobiografía que la pintora Emma Reyes (Bogotá 1919 - Burdeos 2003) envió a través de 23 cartas a su amigo el historiador Germán Arciniegas. La correspondencia se inició en 1969 y se mantendría hasta 1997. Durante ese tiempo, Arciniegas había tenido el permiso de Reyes de publicar las cartas tras su muerte. En esas cartas, la propia Reyes cuenta cómo transcurrió su infancia, triste y durísima a más no poder y de la que pudo escapar hasta forjarse un exitoso camino en el mundo del arte. Emma Reyes, destacó en el campo del dibujo y la pintura, se formó en París y trabajó en el estudio del famoso Diego Rivera en Mexico. Vivió en Italia y posteriormente se instaló definitamente en Francia.
Este libro es diferente por su estilo, las cartas las narra con los ojos y el recuerdo de una Reyes pequeña, con honestidad, sin pretensiones y cero autocompasión.
Reyes describe las adversidades de su infancia a principios del siglo XX en Colombia. Primero fue abandonada junto a su hermana al cuidado de una extraña (la señora María) tras quedar huérfanas. Al poco tiempo, las hermanas fueron abandonas de nuevo en un convento en Bogotá donde transcurrió su adolescencia entre golpes, abusos psicológicos y una enfermiza religiosidad por parte de las monjas.
La sinceridad desbordante de Reyes hace que el lector sienta con exactitud aquello que Reyes vivió. Un libro tristísimo y guapísimo por partes iguales.


Cuando salieron los indios ya no caminaban, iban en zigzag de lo borrachos que estaban; entonces se pusieron a pelear. 
Uno sacó un cuchillo y el de la diarrea dijo:
- No te puedo matar porque tengo que cagar. 



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