6 de octubre de 2014

El rey Lear

El rey Lear es una de las tragedias más famosas e importantes de William Shakespeare (1564- 1616) escrita en 1605. La obra trata principalmente de la ingratitud filial junto a la combinación de la vejez y la locura.
Resumidamente, porque lo que en principio es una historia simple se acaba complicando hasta límites insospechados, la historia comienza con el rey Lear cediendo sus poderes y tierras a sus tres hijas, ya que se siente ya mayir para llevar todos los deberes del reino. A la pregunta ¿cuánto me queréis? sus hijas Goneril y Regan, recitan una sarta de mentiras cada cual mayor con el único fin de obtener las tierras de su padre, mientras que Cordelia, la hija más honrada, al tener una respuesta sencilla y nada pomposa, recibe el deshonor total de su padre. A las otras dos las casa y les da tierras, y a Cordelia la manda con el rey de Francia, en plan desterrada y sin tierras propias. Además de las hijas de Lear tenemos al Conde de Kent, el cual también es desterrado, pero se transformará en un mendigo con el propósito de seguir sirviendo a Lear hasta que en el momento dado, se destape todo el petate. Luego está el Conde de Gloucester, que tiene dos hijos, uno legírimo y el otro no, y claro, uno querrá cargarse al otro mediante tretas malignas.
Y esto es sólo el principio, por que las traiciones, muertes, venganzas y perdones están a la orden del día. Esta obra de Shakespeare es una telenovela en toda regla pero con reyes y nobleza, sí señor.
Pero no debemos olvidar lo que Shakespeare nos quiere transmitir, la capacidad de autoconocimiento, de perdón, de cómo la locura nos cambia a nosotros y a los demás. De la necesidad de suprimir la soberbia para purificar el espíritu de uno de los errores cometidos, o lo que es lo mismo, la lucha del bien y el mal en cada uno. Ahí es nada, lo que inicialmente parece un dramón familiar, es en realidad una obra mensajera de unas ideas profundas sobre la complejidad humana.
Y como dijo Goethe: "Todo hombre anciano es siempre un rey Lear"


  Lear-¿Quién eres tú?
El Conde de Kent- Un hombre, señor
Lear-¿Cuál es tu profesión?¿Qué quieres?
El Conde de Kent- Mi profesión, en efecto, es lo que aparento: servir fielmente a quien me otorgue su confianza, amar al hombre honrado, conversar con el cuerdo, hablar poco, temer los vanos prejuicios, combatir cuando la necesidad me obliga y no comer pescado.

El Bufón- Propicia es esta noche, que enfría hasta las rameras. Os diré una profecía antes de partir: Cuando los curas hagan algo mejor que hablar; y ya no ponga el tabernero agua en la bebida; cuando el noble enseñe a su sastre a coser; cuando no quemen al hereje sino al buscaputas; cuando la corte haga justicia, y no haya escudero con deudas, ni caballero pobre; cuando en la lengua muera la calumnia; cuando no haya rateros en la multitud; y en la era su oro cuente el usurero; y putas y alcahuetes construyan las iglesias; entonces, sólo entonces, el gran reino de Albión caerá confundido: y el tiempo ha de venir, quien viva para verlo, en el que usemos para andar los pies. Esta profecía hará Merlín allá, que yo tan sólo existo en el tiempo de acá. 

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