17 de octubre de 2017

La mano izquierda de la oscuridad

La mano izquierda de la oscuridad (escrita en 1969) es una novela de ciencia ficción escrita por Úrsula K. Le Guin (1929), una de las autoras de este género más reconocidas. Esta obra recibió el premio Nébula en 1969 y el premio Hugo en 1970. Le Guin fue la primera mujer galardonada con el título de Gran Maestra por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos. Se considera a sí misma feminista y taoísta y en sus novelas aparecen frecuentemente ideas sobre el anarquismo.
Esta novela me ha marcado bastante, su historia es única así como el mundo que describe y  las ideas que transmite hace que reflexiones mucho sobre nuestra sociedad actual. Cuando acabé de leer el libro me quedé triste, la verdad, pero no triste por haber acabado el libro sino por cómo es todo el libro, te deja un sabor agridulce. Las ideas más importantes de las que habla el libro son el género y la sexualidad, y cómo ello puede repercutir en la ausencia de nacionalismo, racismo y sexismo. Es en realidad, un libro filosófico pero en una historia de mundos.
Intentaré ser concisa en el resumen del argumento: Genly Ai es un enviado del Ecumen, la Federación Galáctica de mundos, para incorporar al remoto y frío mundo de Gueden (también llamado Invierno) a dicha sociedad, con el fin de intercambiar conocimientos y ampliar la unión intergaláctica. Genly Ai no lo tendrá fácil en este planeta tan singular donde las temperaturas extremas bajo cero, las tormentas y la nieve son el día a día. Pero lo que hace tan peculiar a este mundo, es que sus habitantes son andróginos, biológicamente humanos bisexuales y durante tres semanas son neutros pero en la cuarta semana entran en kémmer, es decir, el apogeo sexual, y pueden convertirse en hombres o en mujeres según las feromonas que desprenda su compañero sexual. Por tanto, los hombres pueden concebir, y al ser cada persona hombre y mujer a la vez, no hay dualidad ninguna ni dominación sexual. De aquí parte la idea principal de la autora: al ser una sociedad neutral donde todos son hombre-mujer, no habría espacio para la guerra, el nacionalismo es algo que no es necesario.
Volviendo a la historia del libro, Genly Ai conocerá a Estraven, que es el primer ministro de Karhidi y le pide que le conceda una audiencia con el rey. Pero por cosas de la vida y de política, a Estraven lo exilian del país y Genly Ai se verá forzado amablemente a abandonar las tierras de Karhidi. Fiel a su misión,  decide visitar el país vecino, Orgoryen para convencerlos de abrir sus puertas al Ecumen. Si Karhidi le dio la espalda, lo intentaría en Orgoryen, pero aquí, tampoco nada es lo que parece y acaba en una granja de voluntarios, o lo que es lo mismo, un campo de trabajo para reclusos. Estraven, el antiguo primer ministro ayudará a Ai a salir de esta granja para emprender un larguísimo y peligrosísimo viaje a través de las montañas y temporales de Gueden (esta parte de la travesía se me hizo un poco larga la verdad).
Estraven es un personaje que me gustó mucho, al igual que Ai.
Es una novela que puede ser un poco complicada al principio, pero como suele pasar, llega un momento en que todo encaja.
Este es un libro que deja huella, hace que pienses en lo tontos y complicados que somos los humanos.

·        Ai - Los ecúmenos esperan a que abra usted la puerta, señor. No le exigirán nada. Me enviaron solo y estaré aquí siempre solo para que usted no me tenga miedo.
Rey Argaven: - ¿Para que no le tenga miedo?. Pero le tengo miedo, Enviado, tengo miedo de quienes lo enviaron aquí. Tengo miedo de los mentirosos, de los tramposos, y sobre todo le tengo miedo a la amarga verdad. Y de este modo gobierno bien a mi pueblo. Pues sólo el miedo gobierna a los hombres. Ninguna otra cosa resulta. Ninguna otra cosa dura bastante. Usted es quien dice qué es, y sin embargo usted es un chiste, una broma. No hay nada entre los astros sino vacío y terror y oscuridad, y usted viene solo de ahí tratando de no asustarme. Pero yo ya estoy asustado, y soy el rey. ¡el miedo es rey! De modo que recoja usted esas trampas y triquiñuelas, y váyase. No hay más que decir.

Ai a Estraven sobre Orgoreyn, el país vecino de karhidi:
-     Usted odia a Orgoreyn, ¿no es así?
-  Pocos orgotas saben cocinar. ¿Si odio a Orgoreyn? No, ¿por qué he de odiarlo? ¿Cómo odia uno a su país, o lo ama? Tibe (un enemigo) habla de eso; yo no soy capaz. Conozco gente, conozco ciudades, granjas, montañas y ríos y piedras, conozco cómo se pone el sol en otoño del lado de un cierto campo arado en las colinas; pero ¿qué sentido tiene encerrar todo en una frontera, darle un nombre y dejar de amarlo donde el nombre cambia?¿Qué es el amor al propio país?¿El odio a lo que no es el propio país? Nada bueno.¿Sólo amor propio? Bien, pero no es posible hacer de eso una virtud, o una profesión…Mientras tenga amor a la vida amaré también las colinas del dominio de Estre (su región), pero este amor no tiene fronteras de odio. Y más allá, soy ignorante, espero.


¿Hay algo más arrogante que la sinceridad?

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