30 de abril de 2017

Un verano chino

Después de La música del silencio, cayó en mis manos Un verano chino, un libro de Javier Reverte sobre su estancia de dos meses en el gigante asiático. Creo que es la primera vez que leo un libro de viajes y estoy muy contenta de que haya sido con este autor porque me lo he devorado (al libro) en tres días. La narrativa es de lo más fluida y te apetece leer sin parar.
Durante dos meses, Reverte recorrió China, empezando por Pekín, atravesando la China interior a través del río Yangtsé (el autor siente predilección por los grandes ríos), pasando por el pueblo donde nació Mao Tse Tung (y otros muchos) y desembocando en Shangai.
El autor viaja en segunda clase en casi todos los transportes públicos, analiza a la población con suma precisión sin olvidarse del sentido del humor, muy importante. Otra cosa que me ha gustado mucho, es que además de vivir con él el viaje, te sumerje en la historia de este país y de paso nos culturizamos los lectores (la mayoría de los acontecimientos históricos son macabros como poco...). Estoy muy de acuerdo con el retrato que hace Reverte de China, por lo menos de Pekín que es donde una servidora estuvo hace unos cuantos años. Las diferencias culturales son abismales y los chinos tampoco hacen mucho por integrarse o facilitar ayuda al extranjero.
He tenido tan buena experiencia con este libro que abro otro frente, el de los libros de viajes, a mi lista de libros futuros.
Del autor qué puedo decir, que es uno de los escritores de viajes más famosos, su trayectoria es muy sabida, periodista en casi todas sus variedades y colores e incansable viajero, Reverte no se casa con ningún país, porque el planeta está lleno de países interesantes (eso sí, unos más que otros ya que el autor no oculta, que de todo su periplo sólo volvería a Shangai).

      “Me pregunto por el sentido de tan rara palabra…chinesca. ¿Por qué no se dice españolesca o japonesca? ¿Y por qué tampoco se dice gastronomía chinesca o vestimenta chinesca? El uso de las palabras es, tan extraño como el alma de los hombres.”

“Un paso adelante es un paso a la civilización”, es decir, a los hombres chinos les gusta practicar su puntería meando de lejos. Y lo ensucian todo… Por eso lo de un paso adelante, para no ensuciar.

“Ya he dicho que me enamoré de Shangai nada más verla. Porque los verdaderos amores surgen a primera vista, casi de repente, como el fuego que arrasa los bosques. Luego, hay que reconocer con lentitud y mimo el cuerpo del ser amado, como si tu mano fuera una brisa liviana y cálida que acariciase una pradera cubierta de hierba joven. Así las ciudades.”  

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