22 de junio de 2016

Muero por ser yo de Anita Moorjani

Hace unos meses tuve la suerte de iniciarme en el reiki y hacer el primer nivel. En el curso, hablamos de un montón de cosas interesantes, como el origen del reiki, los chakras, la meditación, o la utilidad del reiki en nuestras vidas. En un momento dado, les manifesté a las profesoras que el único miedo que tenía en ese momento  (que había retenido durante mucho tiempo y últimamente iba a más), era mi miedo exacerbado a mi propia muerte. De hecho, hice una entrada en el blog hablando de ello. Las profes me recomendaron que me leyera el libro de Anita Moorjani, Muero por ser yo. Y ahí quedó la cosa. Resulta que el libro en cuestión es súper fácil de encontrar porque está en internet en formato pdf, así que me lo descargue e imprimí rápidamente para proceder a su lectura.
Debo decir que ha sido toda una revelación para mí y que, me ha aliviado tremendamente ese miedo que tenía. Mucha gente puede creer o no lo que pone en el libro, pero Anita cuenta su propia experiencia, ella no tiene nada que perder ni nada que ganar inventando cosas.
Anita Moorjani tuvo un cáncer terminal que acabó con su vida durante unos instantes, unos instantes súper significativos que cambiaron la forma de pensar de Anita y algo más importante, le permitió ver lo que hay más allá, teniendo la posibilidad de volver a este mundo e iniciar así la divulgación de su experiencia.



Recomiendo mucho mucho la lectura de este libro, no sólo para superar nuestros miedos sino también como ayuda para darnos cuenta que formamos parte de "un tapiz transparente y universal". Algunos de los fragmentos que más me han gustado, y que a la vez son premisas, son las siguientes:

La meditación y los cánticos son dos de los métodos usados comúnmente para limpiar la mente de pensamientos impuros y ayudarnos en nuestro propósito de iluminación. La meditación nos ayuda a desarrollar la consciencia de que somos mucho más que nuestros cuerpos físicos.

La religión sólo es un camino para encontrar la verdad; la religión no es la verdad. Es sólo un camino. Y las personas diferentes siguen caminos diferentes.

El tiempo no corre linealmente como lo experimentamos aquí.

¿Por qué he sido tan dura conmigo misma? ¿Por qué siempre me he maltratado tanto? ¿Por qué siempre he renunciado a mí misma? ¿Por qué nunca me defendí y le mostré al mundo la belleza de mi propia alma?

Soy amada incondicionalmente, sencillamente por el hecho de existir.
Todos estamos conectados. Todos somos UNO y cada uno de nosotros afecta al TODO colectivo.

Las presiones culturales que me impuse durante la vida, todas ellas se derrumbaron (cuando morí) porque ellas eran parte solamente de la existencia física. Nada de eso importa después de la muerte; esos valores no continuaban en la vida del más allá. Lo único que permanecía era nuestra conexión y el amor incondicional que sentíamos los unos por los otros. Así que por primera vez, realmente me sentí adorada y protegida ante la presencia de mi padre. Me sentía increíble, ¡como si finalmente hubiera retornado a casa!

El cuerpo es sólamente el reflejo de mi estado interno.

Cuando volví de mi ECM, vi la divinidad en cada cosa- cada animal e insecto. Desarrollé un interés mayor en el mundo natural de lo que había hecho antes. Ni siquiera podía matar a los mosquitos que zumbaban a mi alrededor. Ellos eran formas de vida y necesitaban ser respetados como tales. Ellos tenían un propósito para existir; yo no sabía cuál era, pero simplemente sabía que lo tenían de la misma manera que yo lo tenía.
No hemos creado una sociedad que promueva la sanación mental tanto como la física.

Entendí que la verdadera felicidad y gozo sólo los podría encontrar amándome a mí misma, entrando en mi interior, siguiendo a mi corazón y aquello que me diera alegría.

Nuestros sentimientos son realmente los que manejan nuestra realidad física.

Es importante tener una actitud buena y positiva en cada momento de nuestras vidas aunque no le veas la razón para hacerlo.

Nuestra única obligación es siempre ser fieles a nosotros mismos y…permitir.
Todo pasa cuando estamos listos para suceda.

A la mayoría de nosotros se nos enseña, desde muy pequeños, a tener miedo, aunque no creo que hayamos nacido de esa forma.

Lo importante, es la ausencia de creencias para la sanción.

Si puedo aceptar que mi entendimiento es incompleto y soy capaz de estar cómoda con la incertidumbre, esto me abre al reino de las posibilidades.

Sufrimos de una inseguridad exagerada, de juzgamientos y de condicionamientos.

Cuando me doy cuenta que se me están colando algunos pensamientos negativos, lo mejor es permitirles que pasen con aceptación y sin juicio. Cuando trato de suprimirlos o me obligo a cambiar mis sentimientos, entre más trato de sacarlos, más empujan ellos para entrar. Sólo con permitir que fluyan a través de mí, sin juzgarlos, yo veo que los pensamientos y emociones pasan. Como resultado, el camino correcto se desenvuelve de una manera totalmente natural, permitiéndome ser quién de verdad soy.


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